Kedi: Las vidas cruzadas de los gatos de Estambul

Kedi: Las vidas cruzadas de los gatos de Estambul

Kedi  es un documental esencial para los que aman a los gatos y para los que desean asomarse a la poco conocida cinematografía turca.

 

Por: Óscar Luviano

 

Estrenada el año pasado en el Festival de Cine Independiente de Estambul, y posteriormente en Estados Unidos, Kedi (“Gato”en turco) ha cosechado beneficios por más de dos millones y medio de dólares (un éxito si se considera que se trata de un documental) y el aplauso de la crítica (en Rotten Tomatoes tiene nada menos que un 96% de aprobación e IndieWire la ha saludado como “El Ciudadano Kane de los filmes sobre gatos”).

No se trata de reconocimientos deudores del amor exacerbado de Internet por los gatos: el filme de la cineasta turca afincada en Los Angeles Ceyda Torun es mucho más que esa estampa sensiblera en que suelen caer los documentales bien intencionados sobre animales callejeros, ni la exquisita fotografía de Charlie Wupperman se limita a retratar una estampa de la siempre deslumbrante Estambul. Lejos de ambas intenciones, Kedi desarrolla un entrañable retrato de la relación de los habitantes de esa ciudad con la que consideran su herencia más valiosa: los cientos de gatos callejeros que habitan sus calles.

Filmada con plataformas especiales que siguieron a 35 gatos callejeros en sus rigurosas y laberínticas rutinas por los barrios de Estambul, Kedi se compone más que de una narración líneal de una serie de retratos. Por un lado, los siete gatos que llegaron al montaje final, y por el otro las personas que se han convertido en sus guardianes, pues como asegura el marinero que acude a los ruinosos muelles a dar leche a unos gatitos huérfanos, “a diferencia de los pájaros,  no pueden alejarse de aquí”.

En sus primeros minutos Kedi muestra un improvisado comedero para gatos en la calle. Un par de cárteles señalan que esa comida y esa agua son para los gatos, y una advertencia: “Si no quieres padecer carencias en la otra vida, no toques estos platos”. En otra, un anciano proclama la verdad más entrañable del filme, La idea de que los gatos, a diferencia de los perros, comprenden la naturaleza de Dios: mientras que los perros creen que los humanos somos Dios, los gatos saben que sólo somos sus intermediarios.

Kedi dedica buena parte de su metraje a permitir que personajes rotos (un marinero sin suerte, un esquizofrénico, una mujer tras la muerte de sus seres amados) hablen con franqueza sobre su relación con los gatos callejeros, y como salvaguardarlos significó una cura o el encuentro con un sentido superior.

Ese sentido termina por demostrarse como parte esencial del alma de Estambul. Un alma amenazada por el fantasma que asola los barrios tradicionales de todo el mundo: la gentrificación. Los vendedores de un mercado tradicional se muestran más preocupados por el destino de los gatos que por el propio ante un eventual desalojo, pues la esterilidad de los apartamentos no contempla los jardines y callejones esenciales a la geografía felina. El airado jubilado que ensaya una defensa de la ciudad tradicional se ve interrumpido por un parroquiano que le

entrega un gatito mal herido, caído entre los pilotes de las nuevas construcciones. La siguiente toma es del jubilado en un taxi, rumbo al veterinario, que no se atreve a pronunciar palabra con el gatito en manos. “Todos tenemos deudas con el veterinario”, dice un panadero acerca de su relación con un gato pendenciero.

Algunos echarán de menos los testimonios de especialistas sobre la historia de Estambul o expertos en comportamiento felino (que expliquen, por ejemplo, el extraño comportamiento del gato gourmet que sólo come en un prestigioso restaurante), pero el valor de Kedi apunta en una dirección muy diferente a la de Discovery Channel. Para Ceyda Torun no importa el cientificismo que justifique nuestras relaciones con los animales. Prefiere retratar esa sorpresa y esa quietud que bien conocen aquellos que han cuidado un animal de la calle: esa sensación de sabernos los intermediaros que lo abandonan todo en nombre de los más débiles.

Kedi (Turquía, 2016), dirigida por Ceyda Torun, con fotografía de Charlie Wupperman, y música de Kira Fontana. Disponible en YouTube Red.

Sitio Oficial |  https://www.kedifilm.com

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