La gatita de la Roma Sur

La gatita de la Roma Sur

Esta gatita es dueña de una esquina de la Roma Sur y del amor de todos los vecinos y de las personas que la han cuidado durante 4 años.

 

Por: Carolina Zorrilla

 

Hace varios meses tomaba un café en la terraza del Starbucks de Tuxpan y Tehuantepec en la Roma Sur, cuando de pronto vi que tres niñas  se asomaban a la jardinera que está justo en la esquina. Llevaban una bolsa de plástico de la que sacaron una botella de agua y una lata de comida para gato, gritaron: “Papá, no está”,  y el señor desde otro punto de la calle les dijo que le dejaran la comida, que ella regresaría. Más tarde vi llegar a una gatita de color pardo, caminaba lentamente y se metía entre los arbustos de la jardinera. Me  asomé  y  vi una casita hecha de madera con techo de lámina de acrílico, adentro estaba la gatita. Le hablé y salió maullando, dispuesta a que la acariciara.

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Foto: Quipers

Al principio pensé que esa  familia la había dejado ahí, pero al poco tiempo conocí su historia.  Me mudé cerca de ese café y la calle  Tehuantepec se convirtió en mi camino de todos los días. Un domingo por la noche vi  a una señora  limpiando  el platito de la comida. Llevaba guantes de latex y una bolsa con una cobijita limpia, era invierno. La casa de la gatita tiene adentro una acolchonada camita. Entonces me platicó la historia. Algunos le dicen Ardilla, pero en realidad tiene varios nombres. Llegó hace 4 años a esa esquina, no me supo decir quién había hecho la casita, pero ella se ha encargado durante mucho tiempo de limpiarle el lugar, de alimentarla y de vacunarla.

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La casita está amarrada a un árbol con una cadena. Foto: Quipers

Me contó que cuando apareció  ella se la llevó a su casa, pero a los pocos días se escapó y la encontró en el mismo lugar. La señora, otros vecinos, los lavacoches  y el guardia del Starbucks cuentan de las innumerables veces que han querido llevársela y ella simplemente no se deja abrazar ni atrapar. Si uno se inclina para acariciarla, ella se acerca y ronronea, pero al mínimo intento de abrazarla corre o muerde.

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Hay personas que todos los días se detienen para acariciarla, hay un viejito que se recarga en los carros que se estacionan junto a la jardinera y habla con ella  y la contempla durante un largo rato. Suponen que se escapó de alguna casa, está esterilizada.

Cuando es temporada de lluvias su casa está protegida con un plástico y cuando es invierno su cama es más calientita y alguien se encarga de tapar la casita para que esté mejor.

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Todos los días en su plato hay comida para gato y algún pedazo de pastel o de galleta, también la gente le ha dejado malteadas, que sólo provocan que el área se llene de hormigas.

Ahora  ya no la veo con frecuencia. Hemos dejado de ser vecinas, pero de vez en cuando voy a visitarla y ella me saluda amorosa. Una vez el guardia del Starbucks me dijo: “esa gatita es de nosotros, es de todos los que vivimos aquí, nadie se la puede llevar, y si lo intentan que pasen sobre mí”.

 

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